Una gloria que no se queda, se comparte

Una gloria que no se queda, se comparte

Isaías 60:1–6 · Efesios 3:2–6

Vivimos tiempos donde la palabra gloria se ha vaciado de contenido. Para muchos, gloria es reconocimiento, poder, éxito o visibilidad. Sin embargo, cuando abrimos la Escritura descubrimos algo profundamente distinto: la gloria de Dios nunca fue diseñada para quedarse encerrada, sino para compartirse.

Tanto el profeta Isaías como el apóstol Pablo nos invitan a mirar la manifestación de Dios no como un privilegio exclusivo, sino como un llamado a iluminar y transformar comunidades enteras.

Cuando la gloria irrumpe en medio de la oscuridad

El texto de Isaías 60 surge en un contexto postexílico. El pueblo ha regresado del destierro, pero la realidad no es la soñada. Hay cansancio, frustración y una sensación colectiva de que las promesas aún no se cumplen.

Justo González señala que Isaías no niega la oscuridad del momento histórico; por el contrario, la reconoce con claridad:

“Tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad los pueblos”.

Sin embargo, el profeta se atreve a proclamar algo radical:
la gloria de Dios ya está presente, aun cuando el pueblo no la percibe.

Por eso el mandato no es “espera”, sino “Levántate y resplandece”. No se trata de entusiasmo emocional, sino de una convicción teológica: Dios ha decidido manifestarse en medio del caos.

Hoy Puerto Rico vive sus propias tinieblas: crisis económica prolongada, migración forzada, violencia normalizada, desgaste emocional y una profunda desconfianza en las instituciones. El texto no ignora esa realidad, pero tampoco permite que ella tenga la última palabra.

La gloria que atrae, no que excluye

Isaías da un giro inesperado cuando afirma que las naciones caminarán hacia esa luz. La gloria de Dios no se convierte en un trofeo nacional ni en un símbolo de superioridad espiritual. Al contrario, se transforma en una señal que atrae a otros.

González enfatiza que Israel no es el centro del plan, sino el instrumento. La gloria no se acumula; se irradia.

Aquí la Iglesia es confrontada con una pregunta incómoda:
¿Nos hemos convertido en custodios de la gloria o en reflejos de ella?

El misterio revelado: una gloria compartida

En Efesios 3, Pablo retoma esta visión desde otra perspectiva. Él habla de un misterio, no como algo secreto, sino como una verdad que estuvo oculta y ahora ha sido revelada en Cristo.

Samuel Pagán explica que este misterio redefine completamente el concepto de pueblo de Dios. Ya no se trata de etnia, tradición o estatus religioso, sino de una nueva humanidad reconciliada en Cristo.

Por eso Pablo afirma algo revolucionario para su tiempo:
los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participantes de la promesa.

No invitados tardíos.
No ciudadanos de segunda clase.
Familia plena.

Una palabra necesaria para nuestra sociedad

En una sociedad puertorriqueña fragmentada por líneas políticas, económicas y sociales, este mensaje resulta profundamente actual. Vivimos rodeados de muros visibles e invisibles: entre ricos y pobres, entre los que se quedan y los que se van, entre iglesias, generaciones y posturas ideológicas.

El evangelio confronta todas esas divisiones con una verdad sencilla pero poderosa:
la gloria de Dios se manifiesta cuando aprendemos a compartir la gracia.

La Iglesia pierde su razón de ser cuando guarda la gloria para sí misma. Pero cuando la comparte, se convierte en espacio de sanidad, reconciliación y esperanza.

Una gloria que transforma comunidades

Isaías nos recuerda que la gloria de Dios es visible y atrae.
Pablo nos enseña que esa gloria es encarnada y une.

La gloria de Dios:

  • No se queda en el templo

  • No se limita al culto

  • No se encierra en discursos religiosos

  • Se vive en la calle, en la comunidad y en la vida cotidiana

Hoy, más que nunca, necesitamos una Iglesia que no solo hable de luz, sino que alumbre.

Reflexión final

Tal vez la pregunta no sea si Dios sigue manifestando su gloria, sino si estamos dispuestos a compartirla.

Porque la gloria que se guarda, se apaga.
Pero la gloria que se comparte, transforma vidas y sana naciones.

Levántate. Resplandece. Comparte la gloria.

 

Para ver la predicación aqui: 

 

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